El pasado mes de julio la cooperativa canaria de cohousing El Ciempiés cumplió cuatro años, durante los cuales sus socias y socios han trabajado en el desarrollo y cohesión del grupo humano, en la compra del terreno en Arucas (Gran Canaria) y en el diseño del proyecto arquitectónico.
Nos alegra el impulso de esta cooperativa, su dinamismo, entusiasmo y sana convivencia. Del artículo publicado en eldiario.es haciéndose eco de esta efemérides comentamos algunas ideas que consideramos enriquecedoras y aplicables a otros proyectos, también en la Región de Murcia.
Como en la mayoría de los cohousing, las viviendas se disfrutarán en régimen de cesión de uso, esto es, la cooperativa, y no sus miembros, es la propietaria. Esto golpea en la línea de flotación del concepto que actualmente se tiene de la propiedad de una vivienda y su uso para la especulación urbanística.
Es una inversión para tener nada y conseguir mucho: una casa en condiciones dignas para vivir, con zonas comunitarias, espacios verdes, espacios de silencio y retiro, el cuidado común de un huerto colectivo o una familia elegida.

Vivienda y vida dignas
A veces se nos llama utópicos por apostar por este estilo de vida, pero ¿no será lo utópico y poco realista pensar que podemos seguir igual, con planteamientos individualistas y competitivos, poniendo en el centro el capital, los beneficios, la acumulación y no la sostenibilidad de la vida?
Las viviendas colaborativas suponen un cambio completo de mentalidad, potenciando lo que nos hace humanos: lo comunitario, lo colectivo, lo cooperativo. Y lo curioso y dramático es que eso que nos hace (y nos hizo) humanos parece que socialmente lo estamos alejando de nosotros.
Se atribuye a la antropóloga Margaret Mead la respuesta a un alumno sobre qué es aquello que en la prehistoria de los tiempos nos hizo humanos: `La evidencia más clara de civilización es que se haya encontrado un fémur humano de hace más de 15.000 años roto y cicatrizado, porque eso da cuenta de que alguien se partió el hueso más grande del cuerpo y otro alguien le cuidó hasta que curara encargándose de que no le faltase alimento, de que no le acecharan depredadores, o, quizá, de cogerle la mano cuando el dolor era insoportable.’
En las cooperativas de viviendas colaborativas el cuidado y apoyo mutuo tienen un espacio destacado: “Cuidarnos es poner las condiciones para que la vida transcurra con dignidad, cuidarnos es preguntarnos por alguien si falta a nuestros encuentros.”
Este tipo de proyectos son posibles gracias al trabajo comunitario en el que cada persona aporta saberes y cuidados, en el que, siendo diferentes y manteniendo esa diversidad, cada uno ofrece lo mejor de sí mismo.
Así se convierte en un viaje al centro de la comunidad humana y también al centro de cada uno, ‘donde reconozco mis defectos y descubro virtudes que no sabía que tenía’. Esa es parte de la fuerza de la comunidad.
Desde Murcia Cohousing enviamos un fuerte abrazo a las personas de El Ciempiés, deseándoles un total éxito en su proyecto.

Pues sí, esta reflexión nos ha de orientar a los que apostamos por este estilo de vida: «¿no será lo utópico y poco realista pensar que podemos seguir igual, con planteamientos individualistas y competitivos, poniendo en el centro el capital, los beneficios, la acumulación y no la sostenibilidad de la vida?»