Seguro que esto os suena: Antonio Ginés llegó al mundo del cohousing creyendo que lo había inventado él. "Siempre he hablado con los amigos de hacer unas casitas pequeñas en la huerta y algunos espacios más grandes para compartir. Vivimos todos más o menos juntos y compartimos gastos y tal... Siempre que nos juntábamos a comer salía la conversación”.
Debe ser inspirador tener una idea casi revolucionaria y descubrir que no se aleja en absoluto del sentido común y que otra gente ha pensado ya en ello.
Es meteorólogo de profesión, geógrafo de formación y hace dos años que es miembro de Murcia Cohousing. “Ya no soy ningún jovencillo, tengo cincuenta y nueve años, pero sigo criando. Mis hijos tienen veinticuatro y dieciseis años, pero yo me separé [en 2015] y una tenía quince y el otro siete años… Fue una época dura en cuanto a necesitar ayuda externa todo el tiempo”.
¿Cómo llegas al cohousing?
Participo en un grupo de agricultura ecológica. Tenemos una parcela comunitaria en la universidad, y nos invitaron a unas reuniones de grupos de consumo. Allí estaba también un grupo de Murcia Cohousing. Y bueno, en el momento que lo conocí me puse en contacto con ellos y a los dos días ya estaba metido en el ajo. Esta era la típica cosa que se habla con los amigos, pero después de entrar a la asociación comprendí que quizá no sea la mejor idea convivir con tus amigos.
¿Por una cuestión de convivencia o de valores?
La convivencia siempre trae conflictos, y yo en realidad no quiero tener conflictos con mis amigos. Son conflictos que se van a solucionar, pero tendré que tener a quién contárselos. Hoy día no me importaría que algún amigo se uniese al grupo.
Lo de los valores también es importante. Para congeniar con la gente tenemos que tener valores similares, unos ideales de vida. Es decir, si vamos a compartir parte de nuestro día a día, tenemos que hacerlo con gente que dé la misma importancia que nosotros a determinadas cosas. Una persona que no quiera colaborar con los demás difícilmente podría formar parte de un grupo.
¿Entra ahí lo ideológico?
Nuestro grupo, por ejemplo, tiene la mirada puesta en que las viviendas sean sostenibles en lo medioambiental, que la construcción sea ecológica; entonces alguien sin una sensibilidad sobre estos temas no va a valorar el proyecto. No se trata de opciones políticas, hay muchos temas de los que puede hablarse desde distintas ideologías políticas sin ningún problema. Personalmente yo no comulgo con las personas intransigentes o abusonas con otras personas o con la naturaleza.
Es importante para convivir, entonces.
Un cohousing es una comunidad de individuos. Tu casa, tu espacio privativo, es tu reino y ahí puedes hacer tu vida con total libertad, pero luego hay un montón de espacios comunes en los que te riges por una serie de normas, mayores que las de la mayoría de comunidades de vecinos al uso.
El cohousing se basa en viviendas colaborativas. Es decir, lo importante aquí es la convivencia, que no se basa en compartir vivienda, sino que va mucho más allá. No vivimos juntos por ahorrarnos un dinero, lo importante de la colaboración es la ayuda mutua.
Cohousing es que si en algún momento me necesitas, aunque solo sea para estar a tu lado tomando el solecito, porque eres una persona mayor que se siente sola, voy a estar contigo.
Ahí es donde entra en juego la intergeneracionalidad de la vivienda colaborativa.
En todos los momentos de nuestra vida necesitamos a los demás. Es cierto que los mayores tienen, además, el problema de la soledad no deseada; que muchos jóvenes también tienen, ojo, pero es más normal en los mayores. Las redes sociales nos han alejado un poco a todos: cuando era más joven recuerdo que yo salía sabiendo que iba a encontrarme con alguien, sabía que antes o después iba a aparecer algún amigo por allí para tomar algo. Y a lo mejor no estaba en tu círculo más cercano, pero había conocidos, pasabas un rato con ellos…
Con el cohousing queremos también recuperar eso. Tener, claro, nuestra vida privativa en casa, pero recuperar de alguna forma los lazos que antes teníamos en el barrio. Si un día te apetece estar de cháchara y tenemos una cocina común pues te vas un rato de pinche a ayudar; o te sales al jardín, al huerto o lo que sea; o en lugar de ver el partido solo, en casa, ir a un salón común a verlo con los vecinos. Yo creo que no estamos inventando nada nuevo, es querer volver al estilo de vida de antes.
Es como sentir que vuelves a ser pequeño.
Soy de Puente Tocinos y entré al colegio con seis años. Mi madre no me llevó nunca. Fui con mi amigo José, que tenía seis años también. Nos dijeron nuestras madres "daros la mano y al colegio" y ya está. Y estaba a más de un kilómetro de distancia, yendo por la senda que ya conocíamos porque estábamos todo el día en la calle. Y a la hora de la salida del colegio, las madres más o menos estaban por allí, por las puertas, con la ventana levantada y sabían que tenía que pasar el hijo del fulanito y el del menganito. La gente de tu entorno te cuida sin necesidad de que lo pidas.
¿Y cómo afectaría eso en la crianza?
Creo que si la crianza se colectiviza, lo que crías son clones. Es importante tener un entorno que te ayude a educar y a criar a tus hijos, pero tampoco puedes dejarlo en manos de otros. Es decir, yo tengo mis ideales como padre de lo que creo que debe ser la crianza.
¿Cómo ha influido el tener una familia monoparental en tu decisión de unirte a un cohousing?
Cuando me separé hace nueve años, con un crío de siete años y una cría de quince, el cohousing me podía haber resuelto alguna papeleta. Tenía que hacer encaje de bolillos: ¿Cómo entro a trabajar a las siete si a las ocho tengo que llevar a mi hija al instituto y a las nueve al pequeño al colegio?
Más mayores iban en transporte público, qué remedio, pero en un cohousing habría sido mucho más sencillo que alguien estuviese disponible para acercarlos.
Ahora mismo, a estas alturas de mi vida a las que he entrado, no aspiro a que nadie me solucione ninguna papeleta. Así que aspiro a que ellos vean este estilo de vida y en un futuro se suban al carro también. La cosa de los adolescentes es que no están tan integrados en la familia sino en su grupo de amigos.
¿Y cómo sería tu vivienda ideal?
Yo soy partidario de tener una casita más o menos en condiciones, de acuerdo a la sociedad actual. Es decir, pensando si dentro de seis años te encuentras con un hijo divorciado y dos nietos y los tienes que meter en algún sitio. No podría vivir en una casita de un dormitorio con lo mínimo porque nunca sabes qué puede pasar.
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