‘Nadie echa de menos tener una lavadora en casa que ocupa un espacio considerable y que utiliza apenas un par de veces por semana (...) y mi hija cuenta con una superficie de más de 150m2 para jugar sin tener que salir a la calle’, señala Carles Baiges, arquitecto y residente en el cohousing La Borda.
Esto es, el diseño tradicional de viviendas está cambiando hasta el punto de poder manifestar que “el pasillo ha muerto”.
La elaboración del proyecto arquitectónico de una vivienda colaborativa implica la participación activa en el proceso de diseño y planificación: el llamado codiseño; es decir, la comunidad colabora con arquitectos y otros profesionales para definir la distribución de espacios, características del entorno o servicios compartidos, que reflejan, de esta forma, las necesidades y valores de la comunidad. Ello permite a las personas residentes tener un mayor control sobre su entorno y fortalecer desde el principio los lazos comunitarios.
De hecho, la disposición arquitectónica de una vivienda colaborativa, al adaptarse a las necesidades y valores de la comunidad que la habita, suele enfocarse en crear espacios habitables que fomentan el encuentro, los cuidados y el apoyo mutuo; también la sostenibilidad o el sentido de pertenencia al grupo. Los diseños suelen incluir amplias áreas comunes, como cocinas y comedores compartidos, salas de estar, huertos y jardines o espacios de juegos infantiles; además de viviendas particulares que, evidentemente, ven reducidas sus dimensiones a un espacio suficiente para mantener la privacidad.
Los graves problemas de acceso a una vivienda que encontramos en el actual contexto socioeconómico, que incluso ha alcanzado a las tradicionales cooperativas de viviendas, conforman la razón que nos conduce a aproximarnos en este artículo a las características y posibilidades de algunas iniciativas de cohousing, que creemos ejemplares por sus propuestas de modelo y buena arquitectura.
Algunos ejemplos de arquitectura innovadora en el mundo
Existen en todo el mundo ejemplos de este tipo de arquitectura novedosa que va adquiriendo importancia creciente, como es el caso de los diseños de Riken Yamamoto, recientemente galardonado con el Premio Pritzker, el premio de arquitectura más prestigioso del sector. En sus obras, Yamamoto busca que la gente se relacione, que haga suyos los lugares que él proyecta, que lo privado se haga público, y construye abundantes lugares para los compromisos y los encuentros casuales. Para Yamamoto ‘los miembros de una comunidad deben cuidarse unos a otros, y una comunidad significa compartir un espacio, deconstruyendo las tradicionales nociones de libertad y privacidad’. Además, abunda en la transparencia para que quienes están dentro de sus espacios puedan experimentar el entorno que hay más allá, mientras que quienes pasan pueden sentir un sentido de pertenencia’.
Algunas iniciativas de cohousing han alcanzado difusión mediática y son referentes internacionales; es el caso de Trudeslund, en Copenhague, diseñado por Vandkunsten Architects, que combina unidades residenciales privadas con espacios comunes, como una granja comunitaria y talleres. O Nordic Harbours, en Helsinki, creado por ARK-house Architects, que presenta unidades residenciales individuales con una plaza central y áreas compartidas para actividades sociales. También,
Mueller, en Austin, Texas, es un ejemplo de cohousing urbano con variedad de viviendas y espacios verdes compartidos.

Trudeslund
Ejemplos significativos en España
Aunque a lo largo de nuestro país existen muchos ejemplos destacados de este tipo de diseño arquitectónico, nos centraremos en Madrid y, especialmente, en Barcelona, por su liderazgo en la construcción de vivienda colaborativa.
En Madrid
Según un artículo publicado recientemente en el diario.es, en España nos encontramos varios ejemplos con propuestas significativas. Es el caso de Las Carolinas-Entrepatios, en el barrio madrileño de Usera. Es el primer cohousing ecológico y en régimen de derecho de uso de Madrid. Ha sido diseñado de forma colaborativa entre sus habitantes y el equipo de arquitectura sAtt, con el fin de vivir de forma coherente con sus valores medioambientales, sociales y económicos.
El cohousing consta de 17 viviendas completas y espacios comunes. Cumple con los estándares ambientales más exigentes: diseño con estructura de madera CLT, materiales ecológicos, ahorro de agua o producción de energía fotovoltaica.
Uno de sus objetivos es transitar desde la ‘comunidad de propietarios’ a la ‘comunidad de vecinos’.
Ha recibido el Premio Europeo de Vivienda Colaborativa 2019.

Entrepatios Las Carolinas
En Barcelona
En esta ciudad mediterránea y en su área metropolitana, el cohousing ha ganado popularidad en los últimos años debido a su enfoque comunitario y sostenible. Es un modelo de vivienda en auge.
La Borda se inauguró en 2018, en el barrio de Sants (Barcelona). Es una promoción autoorganizada de 28 viviendas cooperativas; en su momento fue el edificio de madera más alto construido en el país (25,5 metros) y fue pionera en promover a través de la arquitectura un estilo de vida que la especulación del sector inmobiliario había ido arrinconando.
Es una obra de la cooperativa de arquitectos Lacol, que se ha erigido como un referente, tanto a nivel local como en el extranjero. Su trabajo se centra en asegurar el acceso a viviendas dignas y asequibles, fomentando la gestión comunitaria de los edificios y evitando su especulación en el futuro.
Los espacios comunitarios del edificio se articulan alrededor de un gran patio central que divide la planta en un ala de espacios comunes y otra que concentra las diferentes viviendas. La superficie total de los espacios comunitarios representa aproximadamente un 10-11% de la superficie total, que se suma a pisos relativamente pequeños, de 40, 60 o 75m2, y además pueden restar o agregar habitaciones en función del cambio del número de sus habitantes en cada etapa.
Carles Baiges, arquitecto y miembro del equipo de Lacol, que además reside en La Borda, explica que ‘‘(...) no solemos utilizar el término 'cohousing'' ni 'covivienda', nos referirnos siempre a 'cooperativa de viviendas'. Este concepto no es nuevo en España, ya que a principios del siglo XX el modelo de viviendas cooperativas se utilizó frecuentemente para dar respuesta al gran éxodo de población que emigró del campo a las ciudades. En el caso de La Borda, se trata de un proyecto de cooperativismo en cesión de uso que se emplaza en un solar de VPO (Vivienda de Protección Oficial), cedido por el Ayuntamiento a 75 años a cambio de un canon anual. Las viviendas no son de alquiler ni de compra. La cesión de uso se basa en un modelo de tenencia no especulativo, la propiedad del inmueble es colectiva y recae siempre sobre la cooperativa."
Añade que después de cinco años viviendo en La Borda, puede decir que la experiencia es muy satisfactoria. Aunque al principio hubo algunos temas que angustiaban a los vecinos, con el tiempo se ha demostrado que el modelo funciona muy bien. Nadie echa de menos tener una lavadora en casa que ocupa un espacio considerable y que utiliza apenas un par de veces por semana. Por otro lado, tienen la opción de reservar las habitaciones para invitados si amistades o familiares vienen a visitarlos.
La primera edición del Premio Europeo de Vivienda Colectiva ha reconocido a La Borda como el mejor desarrollo de vivienda colectiva en la categoría de nueva construcción, por la calidad arquitectónica, la innovación, la inclusión y la responsabilidad ambiental. Este premio ha sido compartido con la conversión de una bodega en vivienda en Basilea, Suiza.

La Borda
La Borda fue uno de los primeros proyectos de cooperativa de viviendas que llevó a cabo Lacol, y Baiges confiesa que en los posteriores han introducido cambios que mejoran algunos aspectos funcionales, como es el caso del cohousing La Balma, también en Barcelona, en el barrio de Horta. “(...) ubicamos los espacios comunitarios con un acceso independiente desde la calle que no interfiriera con el recorrido de acceso a las viviendas. Eso permite que algunas de estas salas comunes las puedan utilizar personas ajenas a la cooperativa, como, por ejemplo, asociaciones que se reúnen y montan actos.

La Balma
O bien, el proyecto SOTRAC, en el que hemos introducido la idea del cluster, una tipología innovadora y más radical de distribución de viviendas ya implementada en Suiza o Austria. Consiste en que el conjunto de viviendas se reduce a la mínima expresión para potenciar la presencia de espacios compartidos y por lo tanto la vida colectiva pasa a un primer plano”, señala Baiges, que confiesa que este estilo de vida comunitario requiere usuarios comprometidos con la causa ya que las zonas compartidas implican un mantenimiento y un seguimiento que no es replicable en cualquier comunidad de vecinos. Añade que aún se puede ir más allá en un futuro próximo con las cooperativas de vivienda y que lleguen, por ejemplo, a compartir una pequeña flota de coches y a centralizar la mayoría de las instalaciones y su consumo.

SOTRAC
Otro ejemplo es el mítico Walden. En Walden 7 vive casi desde sus inicios Anna Bofill, arquitecta, compositora, activista feminista y hermana de Ricardo, que trabajó en los inicios del Taller de Arquitectura y que estuvo estrechamente implicada en el diseño de esta utopía, donde en la actualidad aún residen cerca de un millar de personas.
Walden se organiza como una auténtica colmena, con volúmenes de color cerámico que se hunden y asoman para albergar cientos de viviendas, que se conectan laberínticamente por pasillos, galerías y balcones. En su planta baja se disponen diversas salas como la de juntas, la de cultura, la de ping-pong o la de fiestas, además de los cuatro patios azules, llamados así por el color de la cerámica que los envuelve. En la cubierta se ubican dos piscinas y diferentes zonas ajardinadas que se elevan por encima de cualquier otro edificio de la ciudad.
“En los años de máximo esplendor del Walden, se organizaban constantemente actividades culturales entre los vecinos: conciertos de jazz, proyecciones de películas al aire libre, sesiones de poesía, de teatro… Había un espíritu muy propositivo entre la gente que lo habitaba y una voluntad genuina de vivir en comunidad (...), conseguimos que la comunidad de vecinos funcionara como una pequeña sociedad en miniatura en medio de un barrio obrero”, señala Anna Bofill
Y continúa diciendo que la pandemia mató del todo esa tendencia; en parte, porque en la actualidad más de un tercio de las viviendas son de alquiler, de gente que viene y va y que no se arraiga socialmente al edificio.

Walden 7
Walden XXI, en Sant Feliu de Guíxols, resucita el espíritu de su antecesor, Walden 7. Es la primera cooperativa senior en Cataluña, entre 55 y 70 años; nace como respuesta solidaria, colaboradora, sostenible y asequible a las residencias convencionales para mayores.
El proyecto se ubica en el centro de Sant Feliu de Guíxols, en un edificio en desuso. Se encuentra muy cerca de servicios indispensables para la comunidad, estación de bus, mercado o centro médico. El proyecto plantea una reforma integral del edificio para la construcción de 31 apartamentos. Los espacios de vivienda se ubican en las plantas de piso, y tendrán unas dimensiones entre los 37m2 (un dormitorio) a 49 m2 (con dos habitaciones. Abundan los espacios comunitarios , con más de un 20% de la superficie del proyecto.

Walden XXI
En suma, las iniciativas expuestas en este artículo ilustran cómo la arquitectura de cohousing estimula la vida comunitaria y la sostenibilidad. Es por ello que, aunque los habitantes de un edificio de viviendas colaborativas posean un espacio privado, pueden desarrollar gran parte de su vida doméstica en áreas comunes. Y además, son modelos alternativos al que ofrece el mercado inmobiliario convencional; pretenden sacar la vivienda del mercado especulativo por no considerarla una mercancía, sino una necesidad.
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