“Tienes un sitio que puedes pagar y en el que quedarte de por vida”
Desde nuestra Asociación Murcia Cohousing nos hacemos eco de un artículo publicado el pasado mes de marzo en el diario digital 20minutos, que resumimos, agradeciendo el trabajo realizado.
Se trata de visibilizar y reincidir en este modelo de cooperativas en cesión de uso, dando voz a dos personas representativas de este movimiento: por una parte, José Téllez, responsable de comunicación de la Asociación y Cooperativa Sostre Civic y, por otra, Rubén Méndez, responsable de la Secretaría Técnica del Grupo de Vivienda Cooperativa en cesión de uso de REAS.
Se presenta un ejemplo de cómo se puede estar protegido en plena crisis de la vivienda: el caso de Alicia Conejero y las 19 familias con las que comparte edificio y convivencia en una cooperativa intergeneracional de viviendas en cesión de uso en Barcelona. "Ahora mismo el precio de lo que pagamos aquí es muchísimo más bajo del precio de mercado", reconoce a 20 minutos esta barcelonesa de 66 años, que hace ocho se unió a un grupo de personas para poner en pie y gestionar un edificio en el que vivir sin tener que realizar la inversión que supone ser propietario, pero también sin depender de un casero. Se trata de una fórmula a medio camino entre la adquisición y el alquiler, que recientemente ha sido reconocida por el Congreso de los Diputados, por medio de una PNL (Proposición No de Ley), que resumimos en nuestra Web.
En España hay 179 proyectos de cohousing en desarrollo. De estos, 40 ya están habitados y 59 se consideran consolidados, según datos recopilados por la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) y Alterhabitat.
Uno de estos proyectos es La Balma, en el barrio barcelonés de Poblenou y hogar de Alicia. Fue uno de los primeros proyectos impulsados por la asociación Sostre Cívic, actualmente cooperativa, dedicada a promover este modelo habitacional, en el que un grupo de personas se une para comprar un terreno o, en el mejor de los casos, un terreno cedido en derecho de superficie por un ayuntamiento. Ese grupo de personas construye las viviendas a través de una cooperativa, que se convierte en la propietaria del inmueble y cede su uso a las personas asociadas. De este modo, tanto la promoción del inmueble como su posterior gestión se hace de forma colectiva sin que cada vecino/a tenga la propiedad de su piso a título particular.
“Otras veces tenemos proyectos que se impulsan desde la propia cooperativa Sostre Civic, sin personas socias detrás y una vez el proyecto planteado, se buscan las personas interesadas en ser socias. Eso ahorra toda la fase previa de buscar un suelo y un proyecto arquitectónico, que es ardua porque puede llevar muchos años", explica José Téllez, responsable de comunicación de Sostre Cívic.
La puesta en pie del edificio se financia generalmente mediante un préstamo de la banca ética y una aportación inicial de las personas asociadas, como si se tratase de la entrada a una hipoteca. Después abonan una cuota mensual de uso, como si fuera un alquiler, aunque con cuantías menores a las habituales de compra o arrendamiento convencional. En el caso de La Balma, la aportación inicial media fue de 33.000 euros y la cuota media de uso se sitúa en 712 euros (aquí está incluido tanto el pago del préstamo hipotecario como los gastos comunes). Una búsqueda rápida en los portales inmobiliarios basta para comprobar que en ese mismo entorno, los alquileres superan actualmente los 1.200 euros y los pisos en venta, los 300.000 euros. "Son aportaciones mucho más bajas de lo que se necesita para comprar o alquilar en el mercado, con las características que tienen nuestras viviendas", asegura Téllez, que señala que el monto inicial se recupera si la persona decide abandonar la cooperativa.
El edificio en el que vive Alicia, por ejemplo, consta de 20 pisos de una, dos y tres habitaciones y cuenta con 203 m² de espacios comunitarios. Alicia vio en este modelo habitacional una forma de evitar la especulación. Recalca la ventaja que la cesión de uso por tiempo indefinido supone frente a un contrato de alquiler. "Eso te da seguridad y te permite hacer planes de futuro, que evidentemente para la gente joven es muy importante", subraya, alegrándose de que en los cuatro años en los que lleva viviendo en el edificio las familias hayan crecido y haya ya 13 niños y niñas.

Autopromoción y autogestión
La clave para lograr esos precios más asequibles está en la autopromoción del edificio y en que no se busca ningún beneficio económico. "Al hacer una cooperativa que nos provee de vivienda a un colectivo, evitamos promotoras y ahorramos bastante dinero porque no hay lucro, se hace a precio del coste de la vivienda y el grupo toma todas las decisiones sobre qué materiales, qué estructura, cómo se configura todo... porque el espacio se diseña de acuerdo a sus necesidades", explica Rubén Méndez, responsable de la Secretaría Técnica del Grupo de Vivienda Cooperativa en cesión de uso de REAS.
La otra gran característica de este modelo es la autogestión, dado que cada cooperativa decide cómo organizarse, por ejemplo si todas las personas asociadas pagan la misma cuota mensual o si se fijan diferencias en función de la renta y en cuánto establecer la cuantía. Generalmente la cantidad que las personas residentes abonan cada mes se destina a pagar los intereses y amortización del préstamo con el que se financió la construcción y a mantener el edificio y los gastos comunes que puedan existir, como agua, internet, calefacción o incluso el servicio de gestoría para llevar las cuentas de la cooperativa, por ejemplo.
El edificio cuenta con espacios comunitarios para lavadoras y tendales.
"A largo plazo ese precio que pagas al mes, si lo extiendes en el tiempo 30, 40 o 50 años se separa mucho de los precios del mercado", destaca Méndez. "Si hace 30 años hubiésemos generado un proyecto, ahora mismo se podrían estar pagando 300 euros al mes, siendo totalmente privado sin ayudas públicas, cuando en el mercado los alquileres superan los 1.000 euros", ejemplifica.
Esa autogestión requiere el compromiso de las personas residentes. "Vivir en un proyecto de este tipo te exige colaboración", reconoce Alicia, que explica que todas las decisiones se toman de forma conjunta. En su edificio se celebra una asamblea cada mes, a la que se suma la labor de las comisiones y los grupos de trabajo, que se encargan de mandatos concretos, como poner a punto las zonas comunes, por ejemplo. "No es una comunidad de vecindad al uso, porque además hacemos muchas cosas en común. Tenemos jornadas de trabajo, comidas comunitarias... muchas actividades que no son obligatorias", añade.

Más inversión
Tanto Téllez como Méndez detectan un interés creciente por las cooperativas de viviendas en cesión de uso. "Hay un interés muy grande, sobre todo de gente que se siente expulsada del mercado de compra, porque los ahorros que tienen no les sirven para comprar algo con un mínimo de calidad", señala el responsable de comunicación de Sostre Cívic. "Venimos de un momento en el que había muy pocos proyectos y muy pocas administraciones públicas que los estaban impulsando y ahora estamos en una fase de apertura. Poco a poco va habiendo más interés, también coincidiendo con que la crisis de la vivienda está obligando a buscar soluciones", coincide el responsable de REAS.
"En las últimas décadas hemos delegado la generación de vivienda en que o la administración pública hace vivienda o no la hace y tengo que ir al mercado, a un mercado que está totalmente alocado e inmerso en una rueda especulativa que no cesa, pues aquí hay una tercera vía a través del empoderamiento social", defiende Méndez, que recalca que las cooperativas en cesión de uso contribuyen al interés general no solo al proveer vivienda por debajo del precio de mercado, sino también al generar comunidad y dinamizar los barrios, de ahí que reclame el apoyo de las administraciones públicas para conseguir proyectos incluso más asequibles. Recuerda que construir sobre un suelo de cesión pública o contar con ayudas para la financiación, por ejemplo, abarata los costes.
El responsable de REAS llama también a mejorar el acceso a la financiación. "Ahora mismo el estándar es de 30 años. A nosotros como cooperativa nos interesaría que se financiara a más largo plazo. Si tú no eres propietaria, no necesitas quitarte el préstamo, sino que sea más económico cada mes. Teniendo en cuenta que es una cooperativa que va a existir para siempre, podríamos estar con préstamos de 40 o de 50 años y en vez de pagar 700, pagar 400 euros al mes", ejemplifica, al mismo tiempo que reclama un tratamiento fiscal adecuado al impacto social que se genera, por ejemplo bajando el IVA de la construcción del 10% al 4%.
Méndez se muestra convencido de que las cooperativas de viviendas en cesión de uso pueden ser un instrumento esencial para contribuir a atajar la crisis habitacional, aunque recalca que no es una "solución inmediata", sino que requiere de tiempo e inversión. "Es un ecosistema al que si le das cariño y lo alimentas, se multiplica y genera no solo más proyectos sino también más bienestar. Es una espiral virtuosa", asegura.

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