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Viviendas colaborativas a fuego lento

Publicado el 19 de abril de 2025

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Escrito por Murcia Cohousing

Las viviendas colaborativas o cohousing se cocinan a fuego lento.

El aspecto fundamental de las viviendas colaborativas no es tanto la vivienda en sí, como espacio físico, sino el grupo humano que la conforma, con sus vínculos, sus interrelaciones, su cultura y su alma grupal.

Todas esas facetas tienen un denominador común: tienen sus propios ritmos, necesitan tiempo para crearse, desarrollarse, madurar, no se pueden forzar sin romper algo de su esencia. Es decir, se cocinan a fuego lento.

El movimiento slow

Este planeamiento no es nuevo. 

Desde hace décadas se viene produciendo un movimiento internacional que se opone a la vertiginosidad de la vida actual, reivindicando el derecho a una vida pausada para disfrutar de los momentos y de los placeres cotidianos: un paseo por la naturaleza, la charla con una persona querida, un atardecer, el crepitar del fuego en la chimenea, una relación amorosa, compartir una comida, el trabajo bien hecho, …

Todos ellos pierden su encanto y disfrute si los forzamos, si no respetamos su ritmo, si los aceleramos, … Porque al vivirlos con la velocidad de la vida actual, con la tensión de una agenda repleta y las exigencias de las muchas cosas por hacer, pierden su carácter placentero y se convierten en un nuevo motivo de estrés. 

Y no olvidemos que el estrés, un mecanismo de supervivencia, es también un importante factor de riesgo para la salud cuando se cronifica o se mantiene elevado durante largos periodos.

Son muchos los artículos, libros y páginas web que se hacen eco de este movimiento. Quiero destacar el bestseller internacional ‘Elogio de la lentitud’ de Carl Honoré, que en mi caso incorpora además la emoción de habérmelo regalado una querida amiga.

El movimiento slow no aboga por la pereza, la indolencia o la apatía. Tampoco por la lentitud a ultranza. No es atrasado ni tecnófobo. Eso sí, reconoce que vivir en permanente tensión y velocidad sostenida nos produce malestar, frustración y estrés, dificulta las relaciones, entorpece la buena toma de decisiones, perjudica la vida familiar, nos hace perder el toque lúdico y disfrutón de lo que hacemos, de la vida que vivimos.

Su planteamiento es el del tiempo justo: hay momentos para la rapidez y momentos para la tranquilidad. En ocasiones estamos en un torbellino, pero podemos tener la serenidad de vivirlo desde el ojo del huracán. Ese es el espacio que busca porque ‘una vida sin prisas nos ayuda a ser más felices’.

La ciudad lenta

En mi opinión, las viviendas colaborativas entroncan con el movimiento slow en lo que se ha dado en llamar las Ciudades Lentas (Slow Cities), entornos de vida y relación que ponen a las personas en el centro, urbanizados de forma que favorecen la interrelación, la comunicación y el apoyo mutuo, con espacios y desarrollos paisajísticos que llaman a la relajación, la calma, el disfrute de los sentidos, el descubrimiento de los ritmos de la naturaleza y sus estaciones, …

Porque la clave está en la naturaleza, de la que formamos parte.

Ser conscientes de que las semillas necesitan su tiempo para germinar, que los frutos maduran en su momento, que no podemos acelerar el crecimiento de las hortalizas estirando de sus tallos, en definitiva, reconocer que la calidad de lo obtenido depende en buena parte del respeto a todas sus fases de crecimiento, nos pone en la mejor posición para disfrutar los momentos de la vida con serenidad y presencia.

Al albur de este movimiento, se ha desarrollado la idea de la Ciudad de quince minutos, un entorno urbano donde los vehículos quedan en la periferia para facilitar la movilidad personal, consiguiendo que en un radio de quince minutos encontremos todo lo que podemos necesitar en la vida diaria.

(De la web https://www.ecointeligencia.com)

O también la idea de Ciudad Jardín (Garden City), como forma de recuperar un espacio de naturaleza dentro del entorno urbano, una zona más humana donde disfrutar de una atmósfera sosegada de pueblo, donde conocer y relacionarnos con nuestros vecinos y vecinas, donde poder caminar, con espacios verdes y calles peatonales.

En la Ciudad lenta, poniendo a la persona en el centro, se reduce el ruido y el tráfico, se aumentan las zonas verdes y las islas peatonales, se apoya la agricultura y las tiendas tradicionales, los mercados y los restaurantes con productos locales, promueven tecnologías protectoras del medio ambiente, preservan la estética y las tradiciones culinarias de la localidad, fomentan un espíritu de hospitalidad y buena vecindad, … Es decir, ‘una ciudad lenta es algo más que aminorar la velocidad de una ciudad rápida’. 

Todos esos cambios propuestos para poder disfrutar de una ciudad lenta favorecen un nuevo enfoque en la manera de pensar la forma de vivir por parte de sus habitantes, creando un nuevo clima, otra manera de considerar la vida.

La clave de la ciudad lenta es la calidad de vida. La pregunta que permanentemente sobrevuela es: ¿mejora esto nuestra calidad de vida? Si la respuesta es afirmativa, lo acepta e incorpora. 

Esas decisiones para incrementar la calidad de vida tienen consecuencias incluso a nivel de aportar nueva energía a la economía local y disminuir el desempleo, optando por los productos y servicios de calidad, recuperando tradiciones y variedades locales, etc.

(De la web https://www.archdaily.co)

Las viviendas colaborativas y el movimiento slow

El punto de encuentro entre el movimiento por la lentitud y el movimiento de las viviendas colaborativas es que ambos ponen la persona en el centro. Ambos suponen una apuesta por un nuevo paradigma, lejos de la cultura socialmente dominante del máximo beneficio, de la apuesta por la velocidad o del individualismo a ultranza.

Este enfoque es fundamental, ya que implica una atención prioritaria a las necesidades de la persona, generando empatía, apoyo mutuo, cuidados, relaciones enriquecedoras, …

En las viviendas colaborativas ponemos el foco en el desarrollo y cohesión del grupo humano, comprometiéndonos en el cuidado de las personas que lo forman, y adoptando decisiones que favorecen su desarrollo y preservan su mantenimiento en el tiempo.

Nos implicamos en la satisfacción de una necesidad básica como es la de disponer de un espacio donde habitar que nos permita realizar nuestra vida, un derecho reconocido en nuestra Constitución, pero de escasa implantación real de lo que implica tal derecho, con reconocimiento público y facilitado socialmente.

Nos comprometemos con el cuidado del entorno natural del que formamos parte, respetándolo e implicándonos en su recuperación.

Las relaciones personales que se fomentan y favorecen en las viviendas colaborativas son un excelente antídoto ante la soledad no deseada, una plaga de nuestro siglo.

El cuidado y apoyo mutuo aporta calidad de vida, facilita la conciliación de la vida personal, familiar, social y laboral, atiende situaciones de dependencia y aporta satisfacción a sus integrantes.

Sin duda, todo esto genera momentos de tensión y necesaria aceleración, pero el grupo ayuda a vivirlos con serenidad y calma interior. Porque así es necesario para conseguir unas relaciones satisfactorias, con tiempo para charlar, para conocernos, para entablar amistad, para compartir experiencias cotidianas, para disfrutar de los encuentros, …

Es inevitable: las relaciones humanas, el cariño mutuo, se cocinan a fuego lento, con cuidado y esmero.

La Asociación Murcia Cohousing es un buen campo de entrenamiento en este camino.

Tienes el derecho a no creértelo, y también el derecho a experimentarlo con nosotras y nosotros, acompañándonos en este camino que es sumamente enriquecedor. A mí, así me está resultando.

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