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Vivir en sociedad, no vivir en soledad

Publicado el 17 de septiembre de 2024

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Escrito por Murcia Cohousing

Es habitual pensar en personas mayores cuando oímos hablar de soledad no deseada. Es un problema en aumento que merece una atención urgente, ya que con el envejecimiento de la población y los cambios en las estructuras familiares, más población adulta se encuentra viviendo sola o con acceso limitado a interacciones sociales significativas.

Sin embargo, este grave panorama no sólo afecta a las personas mayores; en la era de la conectividad digital, la soledad entre la gente joven ha alcanzado proporciones alarmantes.

¿Responde esta imagen a la realidad?

Según el INE, en 2039, ocho millones de personas vivirán solas en España.

En la actualidad, se estima que una persona de cada cinco (20%) sufre soledad no deseada. Esta soledad puede tener graves consecuencias para la salud física y mental, aumentando el riesgo de depresión, ansiedad, deterioro cognitivo e incluso enfermedades crónicas y aumento significativo del riesgo de muerte prematura.

Por ello la soledad no deseada supone, según apuntan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EEUU, un riesgo grave de salud pública.

La soledad no deseada entre las personas mayores

Según el Barómetro de la Soledad no Deseada en España 2024, reciente estudio realizado por el Observatorio Estatal de la Soledad y promovido por la Fundación ONCE y  la Fundación AXA, la incomunicación social es un sentimiento creciente entre las personas mayores, y aproximadamente la percepción de abandono es muy grave en una de cada seis. 

 Puntos clave del estudio:

  • Más de 2,5 millones de mayores sienten abandono, es decir, casi el 40% de las personas entrevistadas que han superado los 65 años experimentaban en alguna medida sentimientos de soledad no deseada. En el 14,8% de la muestra esa experiencia de desamparo se podía calificar de grave o muy grave.
  • La experiencia de la soledad es ligeramente diferente en hombres y en mujeres: ellas experimentan más emociones vinculadas al abandono y vacío (21,8%) que ellos (18%).
  • Dos de cada tres personas (67,7%) que sufren soledad llevan en esta situación más de 2 años.
  • Las personas con menor nivel educativo experimentan más sentimientos de soledad.
  • Para contrarrestar estas sensaciones, las personas mayores ponen en marcha diversas estrategias proactivas y una visión positiva de la soledad. 
  • Sin embargo, las personas que experimentan mayores emociones relacionadas con la soledad tienden a abordarla aplicando estrategias más centradas en la resignación y una aceptación pasiva de la situación.

El mencionado estudio concluye que es crucial abordar esta problemática mediante la creación de comunidades solidarias, programas de acompañamiento, y fomentando la participación en actividades sociales y recreativas.

La soledad no deseada entre la juventud

Igualmente, cada día son más numerosas las voces que denuncian situaciones de aislamiento e insatisfacción en la calidad de las relaciones de amistad entre la población más joven; situaciones agravadas por el aumento de la individualización, la disminución de las interacciones sociales cara a cara y el impacto de las redes sociales en la autoestima personal.

¿Cómo afecta a la juventud?

Al respecto, el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada ha determinado que una de cada cuatro personas de entre 16 y 25 años se siente afectada por el abandono social  (25,5%), siendo más frecuente entre mujeres jóvenes. “Los jóvenes son los que más soledad no deseada sienten. En los siguientes tramos de edad, la soledad no deseada va descendiendo progresivamente, y vuelve a subir en las personas de 75 años y más”.

Algunas de las conclusiones a las que ha llegado este informe han sido las siguientes:

  • La soledad no deseada tiene una relación directa con el acceso al empleo y, por ende, con la desigualdad y la pobreza. Las personas en situación de desempleo tienen una tasa de soledad más del doble que las personas ocupadas, aumentando al triple entre los 30 y 55 años.
  • La prevalencia de la soledad no deseada es más frecuente entre la población que vive en los hogares que llegan con dificultad a fin de mes.
  • Además el acceso a bienes básicos como la vivienda está lejos de garantizarse para desarrollar una vida. 
  • Las relaciones de amistad entre jóvenes juegan un papel mucho más determinante que las relaciones laborales o de estudio.
  • El acoso escolar o laboral es significativo para explicar muchos casos de soledad. El porcentaje de personas que han sido víctimas de acoso en el ámbito educativo es casi el doble de los que sentían soledad no deseada:  el 58,1%, frente al 32,1% si no la padecen.
  • Las relaciones presenciales son significativamente relevantes en el ámbito de la amistad y el afecto.
  • La salud mental juega un papel muy importante y la asistencia a terapia psicológica ayuda a las personas que padecen incomunicación.
  • El estudio vincula también la salud y la soledad, pues tener una mala salud  implica una probabilidad tres veces mayor de sufrir soledad.
  • En las ciudades de tamaño medio es donde más casos de desamparo existen, mucho más que en zonas rurales o grandes ciudades.
  • Además, la soledad no deseada es más frecuente entre jóvenes con discapacidad, pertenecientes al colectivo LGTBI o extranjeros.

Así pues, la soledad puede tener consecuencias devastadoras en la salud mental y emocional de la gente joven, aumentando el riesgo de depresión, ansiedad y otros problemas de salud. Y es que nos educan para vivir en sociedad, no para vivir en soledad. Es crucial abordar este problema:  la juventud necesita sentirse comprendida, apoyada y conectada en un mundo cada vez más digitalizado y solitario.

¿Es el cohousing la solución a esta pandemia del siglo XXI?

Las viviendas colaborativas se constituyen en una excelente prevención y solución al problema social de la soledad no deseada, porque promueven la creación de comunidades donde las personas residentes comparten espacios comunes y participan activamente en la vida de la comunidad.

Este modelo de vida ha demostrado ser una herramienta eficaz para combatir la soledad no deseada, ofreciendo muchos  beneficios:

1. Acceso a una vivienda digna. Uno de los más graves problemas, especialmente entre la juventud, como es el de la precariedad y su consecuencia de hacer inviable una vivienda digna, queda superada con creces en el cohousing.

2. Mayor interacción social: Al hacer vida en comunidad, las personas tienen más oportunidades de interactuar con los demás, ya que la interacción social es parte inherente del diseño. Ello reduce, además, la vergüenza o el estigma que algunas personas pueden sentir al experimentar soledad. Los espacios comunes, como comedores o jardines, facilitan el encuentro diario, lo que reduce el aislamiento.

3. Apoyo mutuo y cuidados: Al compartir una vida más cercana con los vecinos, se crean redes de apoyo emocional. Esto puede ayudar a las personas a sentirse acompañadas y comprendidas, sobre todo en momentos difíciles.

4. Sensación de pertenencia a un grupo: El cohousing fomenta un sentimiento de comunidad y pertenencia; vivir en un entorno donde todos contribuyen a la gestión del lugar refuerza los lazos y fortalece las relaciones, lo que puede combatir la sensación de soledad. 

Y puede ofrecer a la gente joven la oportunidad de establecer relaciones significativas con gran diversidad de personas, lo que les proporciona la sensación de pertenencia a un grupo cohesionado, difícil de conseguir en esta era digital.

5. Intergeneracionalidad: Muchas comunidades de cohousing son intergeneracionales, lo que facilita la interacción entre personas de diferentes edades. Esto enriquece las relaciones y puede proporcionar un sentido de familia o red social a quienes viven solos.

6. Compartir responsabilidades: Las actividades conjuntas son naturales y frecuentes.  Tareas comunitarias, como la jardinería, la preparación de comidas o el mantenimiento, se realizan de forma colectiva. Esto no solo disminuye el estrés individual, sino que también genera momentos de socialización y colaboración, disminuyendo el aislamiento.

7. Mayor seguridad emocional: Saber que siempre hay alguien cerca con quien contar en emergencias o momentos de necesidad genera un sentido de seguridad, reduciendo la ansiedad que a menudo acompaña a la soledad. Además, para las personas mayores el cohousing ofrece la posibilidad de envejecer en un entorno activo y saludable, donde pueden compartir recursos y recibir apoyo de sus vecinos.

En definitiva, la vida comunitaria, aunque no exenta de riesgos, es el mejor espacio para un desarrollo humano completo,  basado en el respeto, la implicación y participación en la vida comunitaria, la adecuada prevención y la gestión de conflictos. Además, nos ayuda a sacar la mejor versión de nosotros mismos, tanto con cada uno como con las demás personas con las que nos relacionamos. 

El cohousing es parecido a una escuela de vida donde todo el mundo tiene a alguien con quien charlar, acompañar, compartir tiempo y vivencias; también para pedir y recibir ayuda.

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1 Comentario

  1. Pues sí, este artículo viene a ofrecer soluciones a problemas de soledad no deseada en mayores y jóvenes.
    Verdaderamente es una «pandemia de este siglo XXI». El cohousing ayuda a mitigar estos problemas.

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