Celebrada el pasado fin de semana, desde la tarde del viernes 13 hasta la tarde del domingo 15 de septiembre
Arrullados en todo momento por el sonido de las olas, el mar se convirtió en otro protagonista del encuentro, porque nos alojamos a unos 10 metros del mismo, en el Albergue de Calarreona, y su encanto nos animó a realizar actividades en la playa.
A este encuentro se unieron varias de las familias que forman parte de la Asociación con sus hijos e hijas, dando a este encuentro un ambiente intergeneracional en el que la edad no fue un impedimento para compartir actividades y disfrutarlas como una gran familia.
El espíritu y compromiso de entrega llevaron a quiénes quisieron a aportar sus conocimientos en actividades, tales como danzas del mundo, actividad física y masaje tailandés, novedosos y divertidos juegos de mesa y una ruta de senderismo, a orillas de la Costa Cálida. Todas estas actividades dinamizaron y estimularon gratamente la convivencia, sin privar por ello a nadie de sus momentos de intimidad y privacidad.

Desarrollo de la convivencia
La cena y presentación de los socios asistentes, en la noche del viernes, permitieron compartir y ofrecer, con el mayor agrado, alimentos que se habían preparado particularmente. A la vez, la ocasión propició que los asistentes pudieran presentarse, transmitiendo a los demás lo que ellos consideraban más relevante y apropiado de su persona.
Entre otras cosas destacables, los juegos de mesa introdujeron la diversión, socialización y estímulos cognitivos de manera conjunta.

En definitiva, se pasaron unos momentos más que estupendos disfrutando del grupo, que se distribuyó libremente por diferentes mesas en uno de los porches que tenía sombra, y donde soplaba el fresco por la mañana y durante el mediodía y por la noche se sentía una brisa muy agradable.

El sábado por la mañana, las “danzas del mundo” fueron un momento de estimulación especial, donde el aprendizaje de movimientos, la música y la relación social fueron los ingredientes de la diversión. Ello fue posible gracias a la iniciativa, entrega y buen hacer de una de las socias, con mucha formación en este campo del movimiento, la música, su relación y el bienestar que acarrea.
Posteriormente, en una línea similar se realizaron actividades físicas recreativas, con las que se intentó estimular a través del movimiento, aportando aprendizaje, diversión y relación social; fueron dirigidas por uno de nuestros socios, especializado en el mundo de la actividad física, que puso todo esmero en que fuera un momento agradable.

Los desayunos y almuerzos, programados para realizar en el albergue, se desarrollaron con el buen ambiente que reinó en todo el fin de semana, aprovechando para mezclarse jóvenes con mayores, hombres con mujeres, y más conocidos/as con quiénes nunca habían llegado a hablar. Sin ser algo premeditado, este hecho se fue repitiendo durante todo el fin de semana.
Por la tarde, la iniciación al “masaje tailandés” fue una actividad improvisada y dirigida por uno de los asistentes y experto en la materia. Fue una actividad novedosa e interesante, que gustó bastante y, a pesar de no estar programada, agrupó a un buen número de asistentes, quedando patente la generosidad de las personas socias, que aportan sin temor lo que pueden, saben o intentan. Gran acción la suya.
El tiempo libre se empleó, especialmente, en pasear por la playa y bañarse en el mar, que estaba cerquísima, con fácil acceso, y que tanto encanto tiene en estas fechas del año.

La cena del sábado, en un restaurante del cercano pueblo de Terreros, estuvo marcada por el interés de propiciar una comunicación de calidad y el respeto a los gustos e intereses individuales. Se comió bien, se bebió mejor y todo terminó satisfactoriamente.


El domingo por la mañana, se realizó una ruta senderista, programada para que pudieran realizarla la mayoría de las personas asistentes, evitando de esta forma caminos difíciles, grandes esfuerzos y las horas de sol más fuerte. Aun así, es bonito destacar con qué buen espíritu se superaron ciertos obstáculos físicos imprevistos, fruto del oleaje.

La ruta pretendía que se pudiera conocer y disfrutar de un litoral silvestre y de una gran riqueza paisajística. Como siempre, caminando se propician situaciones de altísima calidad comunicativa, fruto de la relajación y del buen estado de ánimo que genera un moderado esfuerzo físico.
Terminamos la convivencia con la comida grupal en el albergue, donde nos despedimos agradeciendo la predisposición para que la asistencia a la convivencia hubiese sido tan agradable y positiva.

La elección del lugar de convivencia fue un acierto, por su precio asequible y la calidad e idoneidad de las instalaciones para el desarrollo de las actividades. Así, dispusimos de un bonito salón de actos y de una sala de usos múltiples; muchos espacios para actividades de grupo, entre las cuales destacan el salón comedor, los porches, con muy buenas sombras, y los jardines.
La proximidad y el fácil acceso al mar fueron un aliciente en todo momento y, en particular, para la ocupación del tiempo libre y de ocio.
Es muy de agradecer el buen hacer de la Comisión de Actividades, de quienes nos guiaron en todas ellas y especialmente del compañero Pedro Alcántara, por todo lo que ha aportado estos días con las actividades deportivas, la ruta senderista y las gestiones para la cena en el restaurante próximo al albergue.

0 Comentarios