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‘Lo que espero del cohousing es que se parezca a mi barrio cuando éramos niños’

Publicado el 16 de junio de 2024

Escrito por Murcia Cohousing

Entrevistamos a Carmen y Gabi, de Murcia Cohousing

Gabi y Carmen suelen decir, en broma, que ellos están en Murcia Cohousing por su vecino Paco, que era muy follonero y les hizo valorar lo importante de una comunidad en la que se respeta el descanso.

Por el momento, viven en un apartamento reformado en el centro de Murcia y, aunque están encantados con sus actuales vecinos de arriba, siguen teniendo en mente el modelo de vivienda colaborativa como un objetivo a alcanzar. 

Su historia es probable que les suene: Comentas, medio en broma y medio en serio, con tus amigos, lo guay que sería vivir todos juntos. Cada uno su casa, eso sí, pero juntos.

“Al principio, lo veíamos muy atractivo para más adelante; hablábamos de cohousing senior, pero ahora lo pienso y digo, ‘qué va, esto tiene que ser para ya mismo’; pensábamos, solamente en compartir servicios, tener nuestro huertecillo… pero para nosotros, el cohousing no existía, o sea, no conocíamos el concepto”, cuenta Carmen.

«Alguna vez alguien mandaba una noticia y decía: ¿Sabéis que hay un sitio en el País Vasco donde ya han hecho esto? Pero sin tener ni idea de cohousing, y así durante muchos años”. “Lo llamamos Horizonte 2025”, explica Gabi. “Era el año en que ibamos a constituir la cooperativa”. Años más tarde, un amigo les hizo llegar el podcast de RNE ‘Futuro Abierto’ y descubrieron la palabra cohousing. “Ahí le pusimos nombre y decidimos investigar más”.

Gabi explica que, durante un viaje a Copenhague, su guía turística les explicó que en Dinamarca el cohousing era algo de lo más habitual y además promovido por la administración pública. “Entras desde chaval, prácticamente, en una lista de espera de gente que quiere acceder a estas viviendas; diez o quince años de espera, y mientras, vivías de alquiler en otro sitio. Antes de entrar ya se pagan unas cuotas y se entra en una especie de asociación nacional de vivienda. Yo dije, claro, si esta gente se mueve tanto en bicicleta, tienen que tener muy bien la cabeza”, inquiere, entre risas.

Parece que el cohousing tampoco escapa de esa maldición de los grupos de amigos en las que esos planes soñados nunca llegan. “Al principio éramos todos muy utópicos, pero en la práctica ninguno de nuestro grupo se ha decidido por el cohousing”.

Un bonito sueño social, que debe hacerse realidad

Cuando les preguntamos sobre si prefieren buscar a gente conocida, de más confianza, o simplemente encontrar compañeros afines a los que conocer en el futuro, Gabi explica que, en realidad, lo que él espera del cohousing es que se parezca a su barrio cuando era pequeño. 

“Ahora, esa sensación solo la tengo en mi casa de la playa, donde viven mis vecinos de toda la vida, de cuando era niño, y todos se conocen y me paro cada cinco minutos a hablar con este o con aquel… es esa sensación de comunidad; también, por ejemplo, con la vigilancia de los críos, porque si hay un crío por ahí, dando tumbos y jugando, todo el mundo está pendiente de que no se vaya, de que no se pierda, de que no se haga daño…”

“Habría peligros, claro que sí, pero no estaban los coches por ahí dando el follón todo el día. Mi madre no tenía que estar todo el día asomada al balcón; ahora a las madres les da un jamacuco cada vez que los críos se alejan de ella, y es normal. Yo estaba libre en la calle todo el día, con autonomía, con capacidad para aprender las cosas por mí mismo. Eso ha desaparecido completamente. Entonces, para mí, a nivel social, es quizá el mayor sueño que podemos tener como sociedad ahora mismo. Y eso solo puede nacer de islas que vayan ampliándose en archipiélago y vayan creciendo y vayan generando una forma de comunidad. Que sea así, que vuelva a intentar ser así. Y eso es genial, pero quiero también algo más. Que sea un espacio donde se abra al barrio, se pueda tener interacción con todos los vecinos, no solo los del cohousing, sino trasladar el activismo de cada uno a una fuerza común”, sentencia Gabi, sobre lo que él espera del cohousing y su visión de la vida comunitaria.

Carmen nos dice que, de pequeña, vivía en un dúplex comunitario de ocho viviendas con un jardín común.  “Todo el día estábamos allí, volvíamos para comer, y no hacía falta que hubiera ningún padre vigilando porque todos los vecinos, en general, estaban pendientes”. 

Nostalgias aparte, a este joven matrimonio también les preocupa el estado del mercado de la vivienda: “Me parece que ahora mismo el derecho a la vivienda está pisoteado. O sea, me parece increíble. Por mucho que los materiales hayan subido, los precios que se piden por una casa… y se está hablando mucho de ello, pero en el fondo no se está haciendo casi nada. A nosotros nos parece que ésta es una de las mejores vías también, porque es verdad que se nos está negando el derecho a la vivienda y el derecho a la movilidad también. Si vas a vivir a Madrid, por ejemplo, te tendrás que rebanar la cabeza, pagando un auténtico dineral y vete a saber dónde queda el piso. Nosotros dos pensamos que eso es negar un derecho fundamental, porque eso luego condiciona todo lo demás. Si no tienes el derecho a la vivienda, todo lo demás se tambalea. O sea, la gente está invirtiendo el 50% de su sueldo, el 60%,  a veces. Cuando te aconsejan sobre las hipotecas, te dicen que eso es temerario, que no te metas en hipotecas de más del 30%. Te dicen eso, pero al mismo tiempo, en alquiler sí que pagas más de la mitad de tu sueldo. Es un disparate a nivel social. A mí me hace click la cabeza cuando veo esas cosas. Nos preguntamos mucho cómo es posible que, como sociedad, estemos aceptando esto”.

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Murcia Cohousing

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