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Entrevistamos al arquitecto Pascual Pérez

Publicado el 21 de marzo de 2024

Escrito por Murcia Cohousing

«Tenemos que pensar cómo va a ser la vida en común antes de pensar en cómo vamos a hacer el diseño».

El concepto de vivienda colaborativa ha ido ganando terreno como una alternativa innovadora para abordar los desafíos contemporáneos de la vivienda. Uno de los aspectos más importantes a la hora de generar espacios de vida en común es el diseño del propio espacio: desde la planificación más humana a los aspectos más técnicos.

Hemos entrevistado al arquitecto Pascual Pérez, de OFIC (Oficina de Innovación Cívica), una cooperativa de arquitectura, cuya experiencia podrá servirnos para arrojar luz sobre algunos conceptos más desconocidos, pero no por ello menos importantes, de esta forma emergente de vivienda y de vida comunitaria, así como para aprender sobre el papel crucial que desempeña la colaboración en la configuración de entornos habitables más inclusivos y sostenibles.

En cuanto al diseño arquitectónico, ¿Qué diferencias podemos encontrar entre una promoción privada de viviendas y una cooperativa de vivienda colaborativa?

Creo que la vivienda colaborativa ofrece una oportunidad como disciplina a la arquitectura para repensar el espacio de vivienda, entendiendo que vivienda es un espacio que ha evolucionado entre poco y nada en los últimos 100 años y se ha adaptado muy, muy poco a todos los cambios que ha habido en la sociedad a muchos niveles, desde las estructuras familiares, la relación vida-trabajo, y que hasta ahora no ha sido capaz de adaptarse a eso. Creemos que hay una oportunidad o que el modelo de vivienda cooperativa plantea una oportunidad muy, muy interesante para la profesión en el campo de la vivienda colectiva. El modelo de vivienda cooperativa plantea nuevas preguntas sobre cómo queremos vivir.

La importancia del proceso de participación

Esas preguntas se ven reflejadas en la participación a la hora de diseñar y proyectar una promoción inmobiliaria. ¿Cómo cambia el proceso de diseño cuando el cliente no es un solo promotor sino que es una cooperativa?

El proceso tiene que ser completamente diferente y esto nos obliga a los arquitectos a pensar de una forma distinta. Cuando hablamos de iniciativa privada, solo tienes un interlocutor que te indica cómo desea llevar a cabo el proyecto, la relación es bidireccional, pero cuando se trata de un grupo de promotores, de cooperativistas, la cosa cambia. Incluso siendo cooperativa, muchas veces pueden llegar a estar en desacuerdo entre ellos, y nosotros creemos que la mejor forma de solventar esto es ampliar esta parte del proceso del diseño: la parte de alargar este proceso de participación, para poder satisfacer las demandas y las necesidades de los promotores sin perder el rigor técnico y constructivo. Nuestro trabajo es ese, así que nosotros planteamos talleres de participación calendarizados, pero sólo cuando hablamos de un proceso de diseño.

Generalmente hay una fase de anteproyecto, luego hay una fase de proyecto básico, otra de proyecto ejecutivo y luego está la dirección de obra. Pues, principalmente en la fase de anteproyecto y proyecto básico, planteamos seis talleres de participación, tres durante la fase de anteproyecto y tres durante la fase de proyecto básico.

Esto facilita mucho que se adapte a las necesidades de la cooperativa

Y hay una particularidad también que planteamos en este tipo de procesos, y es que alargamos un poquito más de lo convencional, de lo que sería un proyecto convencional, la fase de anteproyecto. Y hacemos esto porque entendemos que es en la fase de anteproyecto donde hay más capacidad de toma de decisiones, es donde se resuelven las primeras cosas sobre el diseño del edificio y de las viviendas. Entendemos que si alargamos un poquito más este proceso, damos una oportunidad mayor a los usuarios de decidir.

En las viviendas colaborativas no prima la rentabilidad económica

Los edificios antiguos, sobre todo los señoriales, tenían espacios de uso común (aunque en realidad no estaban pensados para incentivar la convivencia entre vecinos): un cuarto de basuras, portería, etc. ¿Qué cambios ha ido sufriendo la arquitectura como disciplina para que haya ido primando esta economía de recursos y la vivienda se convierta en un bien de mercado?

Creo que se ha ido hegemonizando un discurso que pone en el centro de todo la rentabilidad económica. Hay un informe del Banco Mundial de 1993 que hace un llamamiento a los países a utilizar la vivienda como un recurso para hacer crecer la economía. A partir de ese punto, la vivienda que se ha ido construyendo ha tenido este aspecto en el centro. En realidad no es un tema de abaratar costes, la vivienda cooperativa no tiene por qué ser más cara, lo único es que no prima la rentabilidad económica.

Claro, el modelo de familia y el modo de vida cambia; sin embargo, las viviendas siguen siendo las mismas, ¿Qué ocurre con esto?

Con el cambio en el modo de vida cambia la forma en la que utilizamos nuestra vivienda. Antes a la casa solo se iba “a descansar”; eso quien descansaba, porque quien estaba cuidando la casa no estaba descansando; pero el uso que se le daba era ese. Hoy en día, el ocio está más enfocado en la propia casa [y los nuevos espacios se diseñan teniendo esto en cuenta], el ocio, el trabajo y el descanso, todo superpuesto alrededor de la vivienda. Antes esto no era así, el ocio estaba en un sitio, el trabajo en otro y el descanso en casa. Por tanto, creo que no se trata de una necesidad de repensar la propia vivienda, sino pensar antes cómo queremos vivir en ella. Estaba pensando en que aparte de que la vivienda se tiene que adaptar a los nuevos modos de vida, una de las cosas que también se han puesto encima de la mesa en los últimos años es que el parque de viviendas se tiene que adaptar a las exigencias de eficiencia energética, ya que en concreto en España el parque de vivienda es de los más antiguos y de los más ineficientes de toda Europa.

Los espacios como facilitadores de vida comunitaria

Es decir, que habría que empezar por el principio y pensar primero en cómo queremos vivir antes de diseñar los espacios en los que vamos a hacerlo. ¿De qué maneras se puede plantear el diseño de una promoción de un edificio o una urbanización para promover la vida en común? Te pregunto por esto como le preguntaría a un urbanista cómo sería el diseño de una ciudad para promover según qué dinámicas.

Aunque buena parte de estas dinámicas tienen que partir del uso que se le dé al espacio, [esta cuestión puede responderse] con la flexibilización y la cualificación del mismo. Que sus condiciones ambientales, de humedad, de luminosidad, la cantidad de espacio disponible permitan dar un uso de calidad a estas zonas, que no se conviertan en un no-espacio, un lugar [tan multiusos] a los que al final no se les da ningún uso concreto.

Es decir, no consiste solamente en hacer salas multiusos y esperar a que la gente las utilice sin más.

Partimos de que tenemos que pensar cómo va a ser la vida en común antes de pensar en cómo vamos a hacer el diseño. Por ejemplo, si nos ponemos de acuerdo en que la educación y el cuidado de los niños va a ser una cosa comunitaria, que queremos que haya más ojos viendo a nuestro peque en lugar de estar en un salón encerrado entre cuatro paredes, se pueden diseñar espacios como guardería o salas de lectura.

Y en este sentido, ¿Existe alguna corriente teórica o académica de la arquitectura que vaya encaminada a la vivienda colaborativa?

No hay una escuela en concreto. Cada vez, eso sí, hay más estudios con un discurso más desarrollado en este sentido. Por ejemplo, en España, como referentes a nivel estatal está La Col, que es una cooperativa de arquitectos y buena parte del desarrollo de su trayectoria profesional se ha enfocado en vivienda colaborativa. Ellos fueron los que diseñaron La Borda, en Catalunya, que fue el primer edificio de vivienda colaborativa intergeneracional en España.

Las políticas públicas inciden en el cambio de modelo

En tema de vivienda, en general, siempre pienso en Alemania: un país que ha sido arrasado y reconstruido dos veces en un mismo siglo y cuyo urbanismo siempre ha estado muy supeditado a las necesidades coyunturales. Recuerdo el caso de los Mietskaserne, que eran bloques muy insalubres construidos para la clase obrera que llevaron a los vecinos a sindicarse y crear cooperativas de vivienda. Con el movimiento okupa y la gentrificación extrema en Berlín ocurre parecido, como cuenta Alex Vasudevan en su libro ‘La Ciudad Autónoma’. ¿Se dan avances más grandes en estos temas cuando existe un shock fuerte que afecta a la población o pueden darse estas dinámicas de una manera más pausada?

Los shocks, evidentemente, aceleran estos cambios porque las necesidades de la gente se acentúan, pero no tiene por qué; la pandemia sirve como ejemplo para ilustrarlo. Sin embargo, no tiene por qué: las políticas públicas pueden ser de gran ayuda para que el modelo de vivienda colaborativa funcione y se incentive. Alemania es buen ejemplo, como dices, para entender el shock como una forma de que los cambios se lleven a cabo de forma más forzada, pero para mí, el mejor ejemplo es el de Catalunya en el sentido de que se ha llevado a cabo una transición planificada. A nivel público se ha promovido y se ha favorecido el tema de la vivienda cooperativa; ha habido apoyo de políticas públicas, cesión de suelo público, etcétera. Eso ha hecho que pueda haber un desarrollo mayor.

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1 Comentario

  1. Cada día aprendemos y echamos mano de la imaginación para llevar a cabo nuestros proyectos colaborativos.

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