Artículo

Emilia Pérez Cano

Publicado el 10 de junio de 2020

Escrito por Murcia Cohousing

Fallecía el 20 de mayo de 2020

«Las limitaciones las tenemos en la cabeza» (Emilia)

Hacía unas pocas semanas que habíamos empezado nuestra aventura, iniciado un viaje al que nos habíamos unido sin apenas conocernos personas y grupos muy diferentes en procedencia, en ideología, … pero participando de un mismo sueño, quizás una quimera, un claro objetivo que desde el principio nos unió fuertemente: queríamos construir una vivienda colaborativa, en la que compartir nuestro futuro.

Una de las partes más hermosas de un viaje es su preparación y en esa fase estábamos llenos de ilusiones y proyectos, en aquellos momentos más cercanos a la fantasía que al principio de realidad, sin embargo en cada nuevo encuentro el grupo se iba cohesionando y encontraba más estímulos para seguir adelante.

Éramos muchos y pocas las reuniones que habíamos hecho, por eso aún no nos conocíamos todos por nuestros nombres, pero ya teníamos sentimiento de pertenencia.

Justo en ese momento de entusiasmo, de empezar a sentar los cimientos de nuestro proyecto, siguiendo nuestro espíritu colaborativo nos repartimos trabajos y tuve la suerte de coincidir con Emilia. Habíamos creado una encuesta recogiendo las desideratas de todos para conformar cómo había de ser esa casa común que teníamos idealizada. Nuestra responsabilidad era la de sacar conclusiones y mostrar el resultado de nuestras aportaciones.

La distancia física (ella vivía en Murcia y yo entre Alicante y Barcelona) no fue impedimento para que desde el principio resultase fácil la comunicación, y el acuerdo en todo era inmediato.

Nuestro contacto era vía telefónica, WhatsApp y correo electrónico arriba y abajo, y con esos mimbres empezamos a trabajar, y a través de ellos fui descubriendo que Emilia era una persona muy especial, encantadora en el trato, vital, emprendedora, inteligente, muy culta y sobre todo muy generosa. Me daba cien mil vueltas en conocimientos informáticos, en cuestiones económicas, técnicas, etc. Sin embargo nunca hacía evidente que yo iba en muchas ocasiones a remolque de ella, al contrario, cuando me atrancaba siempre me animaba a seguir y con una delicadeza infinita no ponía en evidencia mi falta de conocimientos.

Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido estoy segura de que tenía dotes de lideresa, porque a las cualidades que ya he mencionado se le añadía una gran inteligencia emocional, de la que dio buena muestra durante su enfermedad.

Era una persona capaz de armonizar, de insuflar energía positiva al grupo, de buscar soluciones y no poner el énfasis en las dificultades, resaltando siempre los puntos de unión y señalando nuevos objetivos.

Con el tiempo, además, descubrí que era escritora: había sido la coordinadora del Taller de Escritura Creativa de la Biblioteca de San Javier y coautora de los libros “Veintiséis historias que no vienen a cuento” y de “Vestidas y desnudas”. Seguramente dejó en sus cajones muchas más historias, que ya no podremos disfrutar.

Ha sido releyendo sus escritos cuando me he vuelto a reencontrar con ella y he sentido que fue como una estrella fugaz entre nosotros que nos mostró caminos y las mejores formas de seguirlos.

A los que tuvimos el privilegio de conocerla nos dejó el legado de su espíritu valiente, luchador, independiente, del que, como ya he mencionado anteriormente, hizo gala en los peores momentos y que nos sirve de ejemplo para seguir adelante con nuestro proyecto, a pesar de las dificultades que nos encontremos, y hacer realidad el sueño que una vez compartimos y seguimos compartiendo.

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