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De la soledad a la conexión social

Publicado el 5 de marzo de 2026

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Escrito por Murcia Cohousing

La Organización Mundial de la Salud (OMS) concibe la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

En esta línea publicó en junio de 2025 el informe titulado ‘De la soledad a la conexión social’ en el que afirma que la esencia de la salud social reside en la conexión social, es decir, en la forma en que nos relacionamos e interactuamos con los demás, cuya repercusión en la salud tiene un alcance profundo. En las siguientes líneas extractamos parte del informe.

Qué dice el informe de la OMS

La salud social es tan importante como la salud física y mental. Estas tres dimensiones guardan una estrecha relación entre sí. 

Sin una buena salud social, es difícil gozar de buena salud. La desconexión social puede causar cardiopatías, ictus, depresión y ansiedad. Por tanto, la conexión social es esencial para mantener la salud. 

Al margen de la salud, la desconexión social puede provocar dificultades en el ámbito escolar, universitario o laboral y descomponer el tejido de las comunidades y las sociedades.

El ser humano es social por naturaleza. A lo largo de la historia, hemos sobrevivido y prosperado gracias a la colaboración. Nuestro cerebro está programado para conectar con otras personas. La interacción social condiciona el crecimiento del cerebro y la salud mental.

Al mismo tiempo, la tecnología está transformando de forma rápida y profunda la manera en que nos relacionamos con los demás. Los efectos de estos cambios en la conexión social y la salud mental se han convertido en motivo de gran preocupación.

Portada del informe de la OMS

La soledad en cifras

Aproximadamente una de cada seis personas en el mundo se siente sola (2014-2023) siendo las más afectadas las personas jóvenes (de 13 a 29 años) y los niveles más altos se registran entre los adolescentes.

La pobreza (escasez de recursos) puede limitar el tiempo y los lugares para reunirse con otras personas, lo que dificulta el establecimiento de relaciones sólidas.

Hay otros grupos que también tienen más probabilidad de sentirse solos o aislados. Entre ellos están las personas con discapacidad, los refugiados o migrantes, las personas LGBTQ+, los grupos indígenas y las minorías étnicas. Estos grupos pueden sufrir discriminación o un trato injusto, o enfrentarse a barreras que dificultan el contacto.

Aunque no sabemos mucho sobre el aislamiento social, las cifras de que disponemos son preocupantes. Hasta uno de cada tres adultos mayores vive aislado (1990-2022). En el caso de los adolescentes, aproximadamente uno de cada cuatro refiere estar socialmente aislado (2003-2018).

Persona sola en medio de un gran bosque

Sus efectos

Hay muchas personas en el mundo que se sienten solas o aisladas, y esto es perjudicial para su salud, sus logros académicos y sus ingresos. 

La conexión social es esencial, no solo para vivir una vida larga y saludable, sino también para rendir bien en los estudios o en el trabajo y para formar comunidades seguras y prósperas.

La soledad y el aislamiento social aumentan el riesgo de padecer problemas graves de salud e incluso una muerte prematura. Entre 2014 y 2019 se produjeron anualmente en todo el mundo más de 871 000 muertes relacionadas con la soledad.

La soledad puede provocar depresión, ansiedad e incluso pensamientos de autolesión o suicidio con una probabilidad dos veces mayor. Recordemos que en España el número muertes por suicidio en 2024 fue de 3.953, que casi cuadriplicó al de muertes por accidentes de tráfico (1.154) También aumenta el riesgo de sufrir problemas de memoria, demencia y Alzheimer en las personas mayores.

Los adolescentes que se sentían solos tenían una probabilidad un 22 % mayor de obtener notas o calificaciones más bajas. En la edad adulta, las personas que se sienten solas pueden tener más dificultades en el trabajo y para encontrar o mantener un empleo. Además, es posible que ganen menos dinero.

A escala nacional, la soledad supone un costo de miles de millones en pérdida de productividad y atención de la salud.

En resumen, mantener la conexión social no solo es bueno para las personas a título individual, sino también para la sociedad.

Los adolescentes sufren la soledad en gran medida

La vivienda colaborativa aporta soluciones

El informe de la OMS imagina un futuro en el que unos vínculos sociales más fuertes mejoren el bienestar, reduzcan las muertes evitables, impulsen la educación y la resiliencia económica, y alivien la carga social y financiera de la desconexión.

Las viviendas colaborativas o cohousing son parte de ese futuro deseado.

Se definen como un modelo de vida en el que un grupo de personas que comparten valores se unen para vivir de forma comunitaria, desarrollando y favoreciendo el contacto social, el apoyo mutuo, el co-cuidado, la conciliación, la crianza, la gestión de la dependencia… El grupo humano es lo que da forma y constituye la esencia de las viviendas colaborativas.

Para su puesta en marcha se utilizan edificaciones, de nueva planta o rehabilitadas, donde las personas que conforman el grupo humano pueden desarrollar su actividad. En dichos inmuebles se combinan espacios para la vida privada, vivienda residencial, y espacios para la vida comunitaria, que se diseñan pensando en favorecer la relación, las interacciones, los contactos entre los residentes, la ayuda mutua…

La conexión social se refiere a las múltiples formas en que nos relacionamos e interactuamos con los demás: número de personas con las que nos relacionamos y frecuencia con la que pasamos tiempo con ellas, la ayuda práctica, el apoyo emocional y la información que damos o recibimos y, especialmente, cómo nos hace sentir, si son cálidas y amables o negativas y estresantes. Con este concepto, las viviendas colaborativas son el marco ideal para una fuerte conexión social de calidad, que incrementa la resiliencia de estas comunidades ante los desafíos sociales, laborales, personales o ambientales.

La desconexión por aislamiento social a causa de no tener suficiente contacto social o no sentirse apoyado por sus relaciones queda relegada al olvido en una vivienda colaborativa, ya que su esencia es justamente la contraria. Sin embargo, la vivienda colaborativa también reconoce la opción personal de aislamiento temporal que no produce desconexión, sino espacio para la creatividad, el estudio o el autoconocimiento.

La vivienda colaborativa reduce, aunque no puede eliminar, la soledad entendida como un sentimiento personal doloroso que se produce cuando las relaciones no se ajustan a lo que la persona quiere o necesita, de forma que una persona puede sentirse sola, aunque esté rodeada de gente. 

La vivienda colaborativa previene y combate la soledad no deseada, entendida como desconexión social, aunque deja espacio para la soledad deseada o soledad fértil, con un propósito y resultados.

Como consecuencia, la vivienda colaborativa es un modelo de vida que favorece no solo una vida larga y saludable, sino también un mejor rendimiento en los estudios o en el trabajo y crea comunidades seguras y prósperas.

Mantener vínculos sociales fuertes, como se dan en las viviendas colaborativas, puede ayudar a vivir más tiempo, gozando de mejor salud. El apoyo de otras personas puede, por ejemplo, disminuir los niveles de inflamación y reducir el riesgo de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares.

Al mismo tiempo, la conexión social que se da en este modelo de vida puede proteger contra la depresión, las ideas de autolesión o el suicidio, y las enfermedades mentales en general. Protege el cerebro y reduce la probabilidad de demencia.

Las comunidades en las que existen lazos sociales fuertes tienden a ser más seguras y a recuperarse más rápidamente de los desastres.

Reunión lúdica de miembros de Trabensol, cohousing senior en Madrid

Hay margen de mejora, de mucha mejora

Con tantas ventajas y beneficios que aportan las viviendas colaborativas, con el importante ahorro de recursos públicos y económicos que genera, con su implicación en la sostenibilidad, uno se pregunta: ¿Por qué las administraciones públicas no apoyan con más intensidad e implicación los proyectos de cohousing? ¿Por qué ponen trabas o no favorecen el que la sociedad civil los desarrolle? 

Para las personas residentes en las viviendas colaborativas tiene beneficios claros, tanto de salud como económicos, de facilitación del desarrollo del propio proyecto vital, de acceso a vivienda digna, de conciliación, de calidad de vida y de relaciones…  Sin embargo, parece que la sociedad no sea conocedora y consciente de estas aportaciones, de forma que las viviendas colaborativas en España son todavía un modelo residual.

La Asociación Murcia Cohousing está implicada en el desarrollo de las viviendas colaborativas como una aportación a la solución de los graves problemas sociales que estamos padeciendo: vivienda, soledad no deseada, salud, …

Reclamamos de nuestras administraciones públicas el reconocimiento de este modelo de vida, su apoyo institucional y económico, su implicación para favorecer y no entorpecer el trabajo que está realizando la sociedad civil organizada, agilizando la respuesta a las demandas sociales.

Aun más, las viviendas colaborativas pueden ser todavía más asequibles a personas y familias en situación de vulnerabilidad si las administraciones aportaran suelo público en cesión de superficie para este tipo de soluciones habitacionales, que favorecen además la inclusión en la necesaria red de conexión social. 

Todas las personas interesadas en conocer este modelo de vida o en desarrollar proyectos de viviendas colaborativas tienen un sitio entre nosotros, porque todos somos necesarios para llevar a buen puerto iniciativas de interés social, como ésta. Eres bienvenida/o.

Foto de familia de miembros de Murcia Cohousing
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